Gestión del duelo y pérdida migratoria

“El duelo es un proceso doloroso y normal de elaboración de una pérdida, que tiene como objetivo la adaptación y la armonización de nuestro estado interno con el externo ante una nueva realidad.”

La gestión del duelo es un proceso natural que se experimenta tras una pérdida. Ocurre cuando la persona ya no puede tener cerca a alguien o algo que es importante para ella. Puede referirse tanto a seres vivos (como la pérdida de una persona, la muerte de un ser querido, por ejemplo debido a un fallecimiento o una separación), como a objetos no vivos, como la pérdida de un trabajo, de dinero, de un entorno de apoyo, o incluso de la rutina y el estilo de vida. El duelo es la forma en que una persona afronta la pérdida y el esfuerzo que realiza para gestionarla y asimilarla. Cada persona tiene su propia manera de vivir y expresar el duelo, sin embargo existen algunas respuestas emocionales comunes como la tristeza, la pena y el dolor psicológico. Las repercusiones del duelo en la vida de una persona pueden ser psicológicas, físicas, espirituales, laborales o incluso sociales. Sus manifestaciones pueden variar desde dolor físico, entumecimiento, taquicardia, sensación de desesperanza y vacío, hasta una fuerte tendencia al aislamiento y a la retirada de las relaciones sociales. Si un duelo no recibe la atención necesaria en la vida de la persona y permanece sin elaborar, puede provocar consecuencias más permanentes como depresión, ansiedad, crisis de pánico, trastornos y enfermedades físicas, accidentes frecuentes, consumo de sustancias, etc.

Proceso y gestión del duelo

A menudo, la gestión del duelo es un proceso doloroso y exigente en el que puede resultar beneficioso acudir a un especialista.

Es muy importante no bloquear el proceso del duelo ni la expresión saludable de nuestras emociones. Del mismo modo, es muy útil poder pedir apoyo a personas que puedan o estén capacitadas para brindarlo.

El dolor y el duelo, los recuerdos que nos invaden y los pensamientos persistentes sobre aquello o aquel que se ha perdido son señales de que nuestro organismo está intentando asimilar una experiencia difícil y de que todavía necesita dedicar una gran parte de su energía a ese proceso.

Las etapas del duelo

Existen cinco etapas comunes del duelo por las que pasan las personas que experimentan una pérdida, sin que tengan la misma duración para todos ni se desarrollen necesariamente en el mismo orden:
  1. Negación La persona, al inicio, para protegerse del impacto inesperado de la noticia de la pérdida, cuestiona el hecho o se encuentra en estado de confusión.
  2. Ira El dolor y el shock inicial se transforman en ira, agresividad y explosiones emocionales, ya que la persona intenta encontrar al culpable y atribuir responsabilidades por la pérdida, ya sea a otros o a sí misma, sintiendo culpa. Predominan preguntas sin respuesta como “¿por qué a mí?” o “¿por qué ahora?”.
  3. Negociación En esta etapa transitoria, la persona comienza a tomar conciencia de la pérdida y a procesarla más a nivel cognitivo que emocional. Centra su atención en sí misma, intentando ganar tiempo y reorganizarse ante la comprensión de la irreversibilidad de la situación.
  4. Depresión Esta forma de depresión se considera completamente normal y suele ser la etapa más dolorosa pero necesaria del proceso de duelo. La comprensión de la pérdida o la muerte ya es un hecho, tanto a nivel cognitivo como emocional. La persona puede experimentar sentimientos intensos de tristeza, melancolía o desesperanza y tender al aislamiento.
  5. Aceptación En esta etapa, la persona poco a poco acepta la nueva realidad y aprende a vivir sin aquello o aquel que se ha perdido. Se trata de una reorganización gradual de la vida y de la adaptación a la pérdida. La tristeza y el dolor pueden persistir, pero ahora van acompañados de una sensación de calma y paz interior.
Se considera que el duelo ha finalizado cuando podemos pensar en aquello que se perdió sin experimentar dolor, o al menos cuando hemos aprendido a vivir, a funcionar y a estar presentes en nuestras vidas conviviendo con ese dolor. En este proceso exigente y difícil, es muy importante darnos permiso para vivir el duelo por aquello o aquel que se ha perdido, tomarnos el tiempo necesario y permitir espacio para las emociones difíciles y su expresión. Asimismo, durante este periodo es fundamental reforzar, en la medida de lo posible, el autocuidado, la paciencia y la compasión hacia uno mismo, y por supuesto, buscar el apoyo que se necesite de un profesional.

Pérdida migratoria

Los 7 duelos de la migración y el Síndrome de Ulises La migración, más allá de ser un proceso social y económico, constituye una experiencia profundamente emocional y psicológica. Al igual que cuando perdemos a un ser querido y atravesamos etapas de duelo, la separación del país de origen también conlleva múltiples pérdidas. En concreto, las personas migrantes experimentan siete tipos de duelo (conocidos como los 7 duelos de la migración):
  • Pérdida de la familia y los amigos
  • Pérdida de la lengua materna
  • Pérdida de la cultura: costumbres, elementos religiosos, valores
  • Pérdida de la tierra: paisajes, colores, olores, memorias sensoriales
  • Pérdida del estatus social: documentos legales, trabajo, vivienda estable
  • Enfrentamiento al racismo y la xenofobia
  • Exposición a riesgos existenciales: viajes peligrosos, amenaza de deportación, sensación de impotencia
Estas pérdidas no siempre son visibles o reconocidas, pero se acumulan e impactan en la salud mental de la persona. En casos de duelo migratorio intenso y prolongado, puede aparecer el llamado Síndrome de Ulises, un tipo de estrés reactivo que se manifiesta cuando la persona no puede procesar psicológicamente estas pérdidas. Este síndrome presenta características particulares:
  • Es parcial (la pérdida no es total ni definitiva)
  • Es recurrente, ya que la nostalgia y las dificultades persisten
  • Afecta profundamente la identidad de la persona
  • Es múltiple, como las 7 pérdidas simultáneas
  • Se desarrolla en etapas
  • Puede tener un impacto transgeneracional, transmitiendo el estrés y el dolor a las siguientes generaciones
La comprensión de esta realidad psicológica es fundamental para el apoyo a las personas migrantes. El reconocimiento de los duelos y pérdidas que experimentan es el primer paso para su fortalecimiento y adaptación a la nueva realidad.
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